octubre 23, 2006

Bienvenidos a este espacio. Deseamos compartir nuestro quehacer cotidiano y disfrutar del mágico encanto de las palabras. Los invitamos a participar y acompañarnos.
También les proponemos visitar otros sitios relacionados con la literatura infantil.

http://imaginaria.com.ar/intro.htm


http://www.elhuevodechocolate.com/

septiembre 25, 2006

“Hay muchas personas que olvidan, cuando crecen, lo mucho que les costó aprender a leer. Quizá se trate del mayor esfuerzo emprendido por un ser humano, y debe afrontarlo cuando niño. Un adulto rara vez sale triunfante de esa empresa la de reducir la experiencia a un orbe de símbolos. Los seres humanos han existido durante mil millares de años, y sólo han aprendido esta artimaña -este prodigio- en los diez últimos millares de los mil millares.
No sé hasta qué punto mi experiencia es común a todos, pero en mis hijos he observado el pasmado tormento del aprendizaje de la lectura. Ellos, al menos, comparten mi experiencia.
Recuerdo que las palabras -manuscritas o impresas- eran demonios, y los libros, que tanto me torturaban, mis enemigos.
Cierta literatura impregnaba la atmósfera que respiré. Absorbí la Biblia por los poros. Mis tíos sudaban Shakespeare, y el Pilgrim’s Progress de Bunyan vino mezclado con la leche de mi madre. Pero esas cosas me entraron por los oídos. Eran sonidos, ritmos, imágenes. Los libros eran demonios impresos, las pinzas y las empulgueras de un suplicio ultrajante. Hasta que ocurrió que una tía, con fatua ignorancia de mis rencores, me regaló un libro. Contemplé con odio la impresión en negro, y luego las páginas paulatinamente se abrieron y me permitieron la entrada. El prodigio ocurrió. La Biblia, Shakespeare y el Pilgrim’s Progress eran patrimonio común. Pero este libro era mío. Era un ejemplar ilustrado de la Morte d’Arthur de Thomas Malory según la edición de Caxton. Adoré la anticuada ortografía de las palabras, y también las palabras en desuso. Es posible que haya sido este libro el que inspiró mi fervoroso amor por la lengua inglesa...”

Texto extraído de la Introducción del libro “Los hechos de Rey Arturo y sus nobles caballeros” escrito por John Steinbeck, Premio Nobel de Literatura.


QUETZAL
(Pharomacrus mocinno, Caluro resplandens)

El quetzal, ave simbólica y nacional, figura en el escudo de Guatemala. Es una de las aves más hermosas del mundo. Vive en las selvas apartadas pues huye del hombre. No puede vivir en cautiverio y su plumaje es tan bello que las plumas caudales constituían objeto de riqueza entre los mayas y las razas indígenas centroamericanas y mexicanas.


“Que no olviden el vuelo indiferente del Quetzal, sobre las miserias donde la
sombra de sus plumajes tornasoles se perfila, porque aquel que está en la luz
nunca comprende a los que están en la sombra.”
Virgilio Rodríguez Macal, escritor guatemalteco en La mansión del pájaro serpiente.


“En verdad, era el habitante más bello, más hermoso de todos los que
recorren las inmensas extensiones del Mundo Verde...Tenía en su pecho el color
de la sangre, con un poquito de blanco. Y su cuerpo era de un color
inidentificado, entre azul, dorado y verde, como si el arco iris viviera en él
eternamente, esparcido en mil pedazos...
...era el ave más bella de todas cuantas surcaban los cuatro ángulos del cielo, y, a la vez la más sabia y tranquila. No había ser de la montaña que al verlo volar no detuviera su rápido trote o no levantara su hocico del alimento, por exquisito que éste fuera, para contemplarlo. Todos los seres de la montaña lo amaban y veneraban, pues no sólo era muy bello sino que muy tierno y poco amigo del escándalo...”
En La Mansión del pájaro serpiente


Quienes somos

La escuela República de Guatemala situada en el barrio de Caballito cumplió cien años en el año 2004.
La Biblioteca fue creada en el año 1996. En 1997 se titularizaron los cargos y en 1998 se inauguró la nueva sala, siendo bautizada con el nombre que votaron los alumnos de la Escuela: Quetzal.


“Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los niños son la esperanza del mundo”
José Martí.